10 de agosto de 2009

Primeros pasos...

Los primeros días en Manhattan inevitablemente están ligados a caminar... mucho, muchísimo. En mi caso, pasé mis dos primeras semanas completamente sola (no cuentan los muslis de mi casa que darán para varios posts a parte) así que tuve tiempo de dar muchísimas vueltas por la isla. 
Mi primer día en Nueva York me dirigí encantada hacia el Upper East. No tenía pensado ningún destino particular, pero con mi amor por los grandes paseos, estas aceras inmensas y llanas simplemente me llamaban a caminar sin rumbo, a vagar entre los rascacielos. Desde mi casa, en la 113 llegué en pocos minutos a la 5ª Avenida. Más encantada aún comencé a recorrer la orilla este de Central Park dirección sur. Era maravilloso, las entradas de los señoriales bloques de la Quinta a un lado, al otro, el Parque por la mañana... neoyorquinos corriendo (tónica habitual cualquier mañana: o están corriendo o llevan un café de Starbucks), abuelas paseando a sus chuchos. Y para mí, cualquier pequeño detalle capturaba toda la esencia de Manhattan. 
Joder, estaba en una película de Woody Allen! Entonces empezó a llover. Bueno, a llover no, a diluviar. Sin previo aviso: un minuto hacia sol, al siguiente estaba calada hasta los huesos. Llevaba un paraguas en el bolso, pero mi calzado no era ni por asomo apropiado para la tormenta tropical que teníamos encima. Con mis sandalias empapadas caminé más deprisa para encontrar una cafetería, una deli o una portería sin vigilancia donde cobijarme. 
Craso error. En ese tramo de la Quinta (bueno, en la mayor parte de la Quinta) no existen cafeterías o locales aptos para que alguien como yo (ejemm, más bien pobre) se meta. 
Me sentía un poco estúpida, pensaba "seguro que aquí todos saben que no hay que salir de casa con sandalias un día nublado". Quizás sea una fijación producto de mi último empleo, pero considero necesario llevar siempre el calzado apropiado para cada ocasión. En otras palabras, no me gusta llevar unas chanclas cuando diluvia, ni zapatos de tacón a un campus universitario. 
Pero para mi sorpresa, los neoyorquinos simplemente pasan de eso. Vi de todo. Gente más empapada aún que yo caminaba tan tranquila por allí, departiendo con su compañero. Había un ejecutivo con el pantalón de traje remangado en los tobillos pero que por nada hubiera dejado de teclear en la Blackberry. Las abuelas guardaban a sus perruchos en bolsas de la compra. 
Esa fue la primera vez que me di cuenta de que en esta ciudad a nadie le importa qué hagas o cómo vayas. Me encanta esa sensación de libertad algo mítica de esta ciudad, aunque creo que en el fondo en engañosa. La gente sí se da cuenta de qué haces o si vas vestido con un saco de coles, pero creo que son más tolerantes, al fin y al cabo, esto es Nueva York. 
En resumen, los primeros pasos resultaron ser dolorosos: mis sandalias mojadas me rozaron por todas partes y me crearon las primeras (de muchas otras, es un estigma inevitable) heridas en los pies. Al poco había dejado de llover y yo crucé hasta Madison en busca de más animación... 

27 de junio de 2009

El barrio

...o mi vida sobre la mezquita.
Ayer viernes se reunieron en el edifcio unas 60 personas para la celebración del viernes musulmán. Hoy, al llegar al mediodía, se estaban montando una fiesta en la calle. Aunque la fiesta no sólo eran los musulmanes del edificio, si no que había de todo. Me parece que es algo así como el día del inmigrante, porque al pasar por la Sexta Avenida también he visto un gran desfile esta mañana con delegaciones desde Taiwan hasta Mexico (no, no había españoles, aunque me hubiera hecho gracia ver la versión spanish del percal).
El barrio es multicultural. Sobretodo, he visto la zona este, "El Barrio" en sí. Es la zona de los puertoriqueños y, realmente, TODO está escrito en castellano. Además, de camino al metro paso por delante de un correccional que parece una estampa de película. De cualquier forma, la mezcla críos en bicicleta, pandilleros en coches robados, señoras africanas vestidas de colores y familias cubanas andando por ahí es curiosa. Lo mejor es que no soy la única europea por aquí. Ya he visto a dos o tres chicos hablando en francés por aquí. Hoy llegaban dos con las maletas y tenían seguramente la misma cara que puse yo al llegar el otro día.
Seguiremos informando.

Por cierto, yanquis, vuestra comida es una porquería. Por favor, en los supermercados el 90% de lo que hay son latas con precocinados. Y, ¿qué demonios es ese aceite color meado de burra?

El metro

El metro es un follón.

1. La primera complicación para el extranjero en NY es acostumbrarse a la precaria señalización del metro. En los andenes hay un pequeño plano, normalmente oculto tras una columna, de toda la red de metro. Pero lo peor es que sólo hay un cartel, en un extremo de las vías (y, coño, son muy grandes y lo más probable es que entres por otro acceso distinto), que indica qué dirección lleva el tren en ese andén.
2. Las línias que se bifurcan. Casi todas lo hacen y sólo puedes tomar el metro hacia ciertas direcciones en ciertas paradas. Así que puedo ocurrir que tengas que hacer un transbordo en la propia linia para llegar a destino.
3. Los accesos son confusos ya en las calles. Hay algunas entradas que no venden tickets, o sólo los venden en la máquina etc. Por otra parte, hay algunas bocas de metro que sólo conducen a una dirección (Uptown, por ejemplo) y, normalmente, la otra boca, la correcta, está a un par de calles. Y lo que también ocurre normalmente es que la vayas a buscar en dirección contraria porque no está indicado en ningún lugar....
4. Van a toda ostia. En serio, a tanta velocidad que casi da un poco de miedo con lo destartalados que están.

De todas formas, también tiene sus cosas buenas. La gente siempre te sujetará la puerta si te ven correr para cojerlo, y se respeta mucho eso de "dejen salir antes de entrar", cosa que en España...

Midtown!

Mi hermano lleva dos semanas aquí y lo único que ha visto es el Midtown. Es un poco rancio por su parte, pero para ser justa, diré que se aloja en Terrytown (territáun-taun-taun en español) a unos 40 km de la isla. De cualquier forma, esta zona de Manhattan es de las más impresionantes. Es la zona donde está el edificio Chrysler, el Empire, Grand Central etc. Al ser todos los edificios tan altos, al salir del metro no sabes si tienes que ir hacia la izquierda o la derecha, porque normalmente no consigues ver ninguna referencia (me refiero, pues eso, al Empire State). Pero de repente, al pasar una calle miras hacia arriba y ves el maravillo skyline con el edificio de la MetLife por ejemplo y piensas, "sí, estoy en Manhattan".



La quinta tiene todas las tiendas imaginables. No solo de ropa, si no megastores de casi cualquier cosa. Por supuesto, las calles están repletas de todo tipo de comercios y bares, más pequeños eso sí. Debe notarse la exagerada proliferación de Starbucks en esta ciudad, muchos más que McDonal's.


Grand Central es una pasada de estación. Es la madre de todas las estaciones. A parte de que es toda de mármol por dentro, y que tiene al menos dos restaurantes de lujo en el interior, está llena de quioscos, turistas, cafeterías y andenes. Además, tiene unas doscientas salidas dieferentes (la que me va bien para ir a la escuela de mi curso es la del edifico de la MetLife, precisamente, aunque me he dado cuenta al salir, caminar tres o cuatro calles y mirar arriba).

Lo demás no lo he visto por dentro. Me espero a recibir alguna visita para subir a lo alto del Empire y flipar con la vista. De momento, mis impresiones de los rascacielos son las típicas: joder, qué grande es todo esto... y qué bonito. También hay unos cuantos parques muy agradables por la zona, todos tienen mesitas con parasol, cosa que se agradece porque en esta ciudad no conocen los bancos en las aceras.

26 de junio de 2009

First impressions of the Earth...

Nueva York...

da un poco de miedo. Es grande, enorme, cargada de una vitalidad enfermiza. Por las calles parece que si dejas de moverte, te arrollarán (y posiblemente así sea, yo no tengo ganas de descubrirlo). Todo eso asusta, al menos a mí. Pero cuando giras una esquina, se abre ante tí una avenida enorme, los taxis en fila, pitándose entre ellos; la gente distinta, apresurada; los edificios enormes, de ventanas hasta el infinito; de fondo, se perfila el Empire State... y es inevitable no sentir alegría por estar ahí. Parece casi irreal, como meterse en una película. Esta vez es mi pelicula porque aún no me lo creo (pero casi).

Odisea hacia Manhattan (vol.2)

En el control de inmigración nos pasamos casi una hora y media. Mientras, en la CNN dan la noticia de la muerte de Michael Jackson. Vaya día...
El policia es correcto conmigo (vengo a gastar dinero en un curso de inglés, no puedo estar más adaptada a los USA) y un poco borde con Rosa (no sabe inglés y le recomienda que haga un curso, señalándole mi visado). Dichosos yankis... Ella se queda bastante preocupada cuando nos separamos en el aeropuerto, me da su número de teléfono, por si acaso no me espera nadie en el piso (hoy la he llamado para decirle que estoy bien).
Me capta un taxista no oficial a los pocos metros. Acepto la oferta de 40 dólares por el trayecto. Además, estoy muy cansada y me ayuda con las maletas. En el coche (que no es un taxi), me dice varias cosas:

1. Que soy muy guapa y si tengo novio (SI, y aunque no fuera así mi respuesta hubiera sido la misma)
2. Que es de Delhi y que lo mejor que tiene estados unidos es la facilidad para encontrar trabajo de ilegal.
3. Que él me consigue trabajo de ilegal en un restaurante.

Yo me dedico a mirar el paisaje y a irle siguiendo un poco el royo. Me siento bastante feliz porque entiendo lo que me dice y él entiende mi inglés pedestre. Finalmente llegamos... y sí, me están esperando. ´
Nuri, que es él, me entretiene un rato con temas de contrato. Resulta que mi edificio está lleno de musulmanes, de hecho, mis caseros lo son y, por tanto, no puedo introducir estupefacientes (bien), tabaco (mejor para mi salud), alcohol (hombre, algo de vino estaría bien, pero lo puedo tomar en un bar) ni cerdo (ni siquiera acercarlo por el piso, "es que contamina", me dijo).
De todas formas, ayer la noticia no me afectó casi. Me dormí ipso facto en mi sofá cama (grande y cómodo, aunque sin sábanas por el momento).

Odisea hacia Manhattan (vol.1)

Día D. Hora H.

Pero resulta que no fue a la hora H, y a partir de ahí, todo fueron problemas. El primero de mis dos vuelos hacia la Gran Manzana (el BCN-Londres) se retrasó. Desde aquí deseo el Mal (así en mayúsculas) a British Airways por haber propiciado un viaje de más de 15 horas de mandangas.
Lo dicho, el vuelo salió una hora tarde y en consecuencia, aterrizó una hora tarde y con mucha parsimonia en Heatrow. A pesar de correr como una posesa por los pasillos de la terminal, al llegar a la cola ya tenía claro que habia perdido el vuelo.

En esa misma cola conocí a Rosa, una mujer Dominicana que venía en el mismo vuelo que yo, que tenía que coger el mismo vuelo perdido que yo y que no habla ni una sola palabra en inglés. Nos adoptamos mutuamente: yo hablaba y ella me acompañaba en mi desesperación infinita. Ella iba a visitar a su hermano, en Conetticut y, por más que tardara, iba a tener un coche en el aeropuerto. Por mi parte, la situación era un limbo de desconocimiento. Es verdad, fruto de mi gestión deficiente de la información. No tenía apuntado ni el piso ni el número de teléfono de mis caseros.

En Virgin Atlantic sí nos trataron bien. Fueron muy amables y nos pusieron en "stand by". Es decir, a la espera de un mísero asiento en un vuelo. Después de un consierable patiment por ver si cabíamos en el siguiente vuelo (el de tres horas más tarde), nos dicen que sí y a mí, encima, me dan un asiento de clase bussiness.
Me paso todo el viaje disfrutando de la filmoteca que al parecer llevan encima los aviones Virgin. Le digo que sí a la azafata cada vez que me ofrece algo (sea un helado, unos calcetines o una copa de beylis). Y casi tengo ganas de atravesar alguna turbulencia de lo tranquilo que es el vuelo.

Finalmente llegamos, día D. Hora H+12. New York City.

7 de junio de 2009

Vísperas del gran día

Mañana voy a Madrid, por fin. Acabo de repasar si tengo todo lo necesario y creo (deseo, espero) que la respuesta es sí. ¿La pega? Que cierto grupazo australiano eligió este día para dar su segundo concierto en Barna y, enfin, procuraré moderarme porque no creo que concedan visados a zombis amantes del metal.

21 de mayo de 2009

La Casa Blanca

Debido a mi obsesión con la serie "El Ala Oeste" (de la Casa Blanca, se entiende) una de mis visitas proyectadas durante los tres meses en NY era viajar a Washington. Básicamente, quería colarme en la Casa Blanca porque me he convertido en un ente freak de la política americana y empezaban a hacerme gracia ese tipo de visitas insitucionales a los salones de la masión que continuamente se ven en la serie.

En mi primer intento de buscar la excursión (conste que ser tan previsora en la organización es algo que he adquirido con este viaje, donde todo requiere meses de antelación y trámites tortuosos) encontré un tren bala que te planta de la Gran Manzana a la capital en 3 o 4 horas. El precio era prohibitivo, tanto como 200 dólares sólo ida. Paso del tren.

Había oído hablar en foros sobre la mafia china de los autobuses, pero no me lo creí hasta que vi la propia foto del bus (que aquí os dejo).
Resulta que tienen monopolizado el transporte de cercanías y por SOLO 35 dólares ida y vuelta tardarás cinco horas... pero llegarás hasta Washington: mola. Pienso, de puta madre, algo barato por fin. Y entonces empiezo a mirar las visitas a la Casa Blanca.
No sé por qué, pero no se me ocurrió que si lo primero que vi fue que las visitas eran gratis, algo macabro se podía esconder para frustrar mis intenciones. Resulta que el procedimiento a seguir es el de incluir tu nombre y datos en una lista para tu congresista (xD no sé quién es, pero espero que sea majo, al menos)... y esperar seis meses a que te confirme que no eres de Al-Qaeda.
Nice. La moraleja es que tenía que habérmelo imaginado.
De todas formas, aún no he descartado un viaje a la capital, aunque sea para ver la Casa Blanca desde fuera... y más por 35 euros.

I-20 y más tasas

Bien! Recibí el pxxx formulario! Correo certificado, dentro de fechas, mi amigo/a Egret (a propósito, tan intrigada estaba con el sexo de esta persona que busqué su nombre en google y sólo me salían cigüeñas o algo así xD) finalmente se lo ha currado.

Total, llamo al consulado de lo más emocionada para pedir mi entrevista personal y me dan fecha para el 8 de Junio, lunes, a las 10:45, en la calle Serrano... de Madrid. Mi cara de gilipollas debió ser antológica, porque estaba convencida que la entrevista la podría hacer en el consulado de Barcelona.

La telefonista me dice que no, que ya lo pone en la web que los visados no se tramitan en el consulado, sólo en la embajada. Y yo: "ya... ya...". Shit happens, rama rama. Así que incluyo en mis trámites un viaje a Madrid (tomando el AVE por primera vez) junto a mi patrocinador Bob.
Después, la telefonista maléfica me dice que, además, debo pagar otra tasa obligatoria por el visado de estudiante (además de la obligatoria para cualquier visado) de 200 napos (=dólares, mi único consuelo ya es el beneficio con el cambio). La odio un poco, pero lo pago.
Así que sólo (já) me queda ya:

1.Completar los formularios DS y avisar a mis fuentes de referencia que se convertirán en tal y que no les pille desprevenidos una hipotética llamada del gobierno federal norteamericano.
2.Pagar los otros 130 napos de la tasa obligatoria uno.
3.Comprar billetes de AVE, ir a Madrid, ser entrevistada y demostrar que no quiero atiborrar el mercado negro americano de anfetaminas ibicencas ni asesinar a Obama.
4.Volver y rezar porque todo esté bien.
5.No contraer la gripe A.

11 de mayo de 2009

I-20

Por fin me contestan de la escuela. Egret (no sé si es él o ella... de cualquier forma es impronunciable para mí) se muestra cordial y yo eufórica por email. Mañana envia detalles sobre el curso y el I-20 (formulario previo a los tres formularios necesarios para materializar la visa). ¿Siguiente paso? Entrevistarme con el US government en el consulado y demostrarles que soy una persona más que óptima para viajar allí. Tengo suerte: no he secuestrado a ningún hijo de un ciudadano norteamericano, no he participado en actos de genocidio, ni presento ninguna enfermedad contagiosa (ni siquiera la gripe antes llamada porcina).

7 de mayo de 2009

Standby...

A día de hoy me faltan 48 días para volar a la Gran Manzana. Mi nivel de histerismo es inversamente proporcional a las horas que me quedan hasta llegar al Uptown neoyorquino. Es previsible que antes de aterrizar la cabeza me haya explotado, molestando a las azafatas y a algunos pasajeros de Delta... y créedme que la liaría si no fuera porque me iban a denegar el visado de estudiante.

De hecho, el visado todavía no me lo han concedido. Es más, de hecho ni siquiera tengo contratado el curso que pienso (deseo) hacer. Si llego a saber que pasarse tres meses en NY me iba a causar tanto estrés burocrático, me salgo por la tangente y me voy al pueblo inglés ese de Cuenca.

West 113th


Todo esto empezó hace cosa de dos meses, tras una charla nocturna con mi socio capitalista (al que llamaré Bob simplemente porque me hace gracia). Bob se ofreció a costearme ciertos gastos indispensables para mi aventura americana. Todo el verano, de Junio a Septiembre, en la ciudad de mis sueños.


Encontrar piso fue (relativamente) sencillo. Claro que, al contrario de lo que se recomienda en TODOS los foros de viajes a la city, acabé optando por una agencia inmobiliaria, un broker no se qué le llaman. Y sí, es verdad, son careros, coño! Al principio Marybeth (así se llamaba mi agenta personal) y yo tubimos algún problemilla de comunicación. Véase:

Marybeth: Oh, I think this apartment is very nice for you.
Yo: No
Marybeth: What about this other?
Yo: No
Marybeth: Don't you like the
photos of this one?
Yo: No
Pero finalmente lo encontré. Está en la 113, oeste (uptown-harlem). Tiene de todo, menos lavadora. Y a parte de que el mobiliario del salón parece que perteneció en otra época al Conde Drácula, por lo demás no pinta mal. Marybeth se despidió amablemente de mí tras pagarle un mes entero de alquiler como comisiones y, de ahí, fui remitida a los dueños Nuri y Starita que, amablemente, me saludaron cobrándome otro mes entero de alquiler.

Después de unos cuantos emails corteses, les propongo que vengan a vivirse a Barcelona y me dejen a mí su apartamento. Mi habitación es luminosa, amplia y está en un barrio tranquilo (esto lo incluyo por si hay algún otro interesado)... pero a pesar de eso, ahora sigo esperando respuesta. Lo único que me reconforta es que ayer visité el anuncio de mi piso en internet y efectivamente... está ocupado hasta que me vaya yo! Ya es algo.