26 de junio de 2009

Odisea hacia Manhattan (vol.1)

Día D. Hora H.

Pero resulta que no fue a la hora H, y a partir de ahí, todo fueron problemas. El primero de mis dos vuelos hacia la Gran Manzana (el BCN-Londres) se retrasó. Desde aquí deseo el Mal (así en mayúsculas) a British Airways por haber propiciado un viaje de más de 15 horas de mandangas.
Lo dicho, el vuelo salió una hora tarde y en consecuencia, aterrizó una hora tarde y con mucha parsimonia en Heatrow. A pesar de correr como una posesa por los pasillos de la terminal, al llegar a la cola ya tenía claro que habia perdido el vuelo.

En esa misma cola conocí a Rosa, una mujer Dominicana que venía en el mismo vuelo que yo, que tenía que coger el mismo vuelo perdido que yo y que no habla ni una sola palabra en inglés. Nos adoptamos mutuamente: yo hablaba y ella me acompañaba en mi desesperación infinita. Ella iba a visitar a su hermano, en Conetticut y, por más que tardara, iba a tener un coche en el aeropuerto. Por mi parte, la situación era un limbo de desconocimiento. Es verdad, fruto de mi gestión deficiente de la información. No tenía apuntado ni el piso ni el número de teléfono de mis caseros.

En Virgin Atlantic sí nos trataron bien. Fueron muy amables y nos pusieron en "stand by". Es decir, a la espera de un mísero asiento en un vuelo. Después de un consierable patiment por ver si cabíamos en el siguiente vuelo (el de tres horas más tarde), nos dicen que sí y a mí, encima, me dan un asiento de clase bussiness.
Me paso todo el viaje disfrutando de la filmoteca que al parecer llevan encima los aviones Virgin. Le digo que sí a la azafata cada vez que me ofrece algo (sea un helado, unos calcetines o una copa de beylis). Y casi tengo ganas de atravesar alguna turbulencia de lo tranquilo que es el vuelo.

Finalmente llegamos, día D. Hora H+12. New York City.

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