Nueva York...
da un poco de miedo. Es grande, enorme, cargada de una vitalidad enfermiza. Por las calles parece que si dejas de moverte, te arrollarán (y posiblemente así sea, yo no tengo ganas de descubrirlo). Todo eso asusta, al menos a mí. Pero cuando giras una esquina, se abre ante tí una avenida enorme, los taxis en fila, pitándose entre ellos; la gente distinta, apresurada; los edificios enormes, de ventanas hasta el infinito; de fondo, se perfila el Empire State... y es inevitable no sentir alegría por estar ahí. Parece casi irreal, como meterse en una película. Esta vez es mi pelicula porque aún no me lo creo (pero casi).
26 de junio de 2009
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