27 de junio de 2009

El barrio

...o mi vida sobre la mezquita.
Ayer viernes se reunieron en el edifcio unas 60 personas para la celebración del viernes musulmán. Hoy, al llegar al mediodía, se estaban montando una fiesta en la calle. Aunque la fiesta no sólo eran los musulmanes del edificio, si no que había de todo. Me parece que es algo así como el día del inmigrante, porque al pasar por la Sexta Avenida también he visto un gran desfile esta mañana con delegaciones desde Taiwan hasta Mexico (no, no había españoles, aunque me hubiera hecho gracia ver la versión spanish del percal).
El barrio es multicultural. Sobretodo, he visto la zona este, "El Barrio" en sí. Es la zona de los puertoriqueños y, realmente, TODO está escrito en castellano. Además, de camino al metro paso por delante de un correccional que parece una estampa de película. De cualquier forma, la mezcla críos en bicicleta, pandilleros en coches robados, señoras africanas vestidas de colores y familias cubanas andando por ahí es curiosa. Lo mejor es que no soy la única europea por aquí. Ya he visto a dos o tres chicos hablando en francés por aquí. Hoy llegaban dos con las maletas y tenían seguramente la misma cara que puse yo al llegar el otro día.
Seguiremos informando.

Por cierto, yanquis, vuestra comida es una porquería. Por favor, en los supermercados el 90% de lo que hay son latas con precocinados. Y, ¿qué demonios es ese aceite color meado de burra?

El metro

El metro es un follón.

1. La primera complicación para el extranjero en NY es acostumbrarse a la precaria señalización del metro. En los andenes hay un pequeño plano, normalmente oculto tras una columna, de toda la red de metro. Pero lo peor es que sólo hay un cartel, en un extremo de las vías (y, coño, son muy grandes y lo más probable es que entres por otro acceso distinto), que indica qué dirección lleva el tren en ese andén.
2. Las línias que se bifurcan. Casi todas lo hacen y sólo puedes tomar el metro hacia ciertas direcciones en ciertas paradas. Así que puedo ocurrir que tengas que hacer un transbordo en la propia linia para llegar a destino.
3. Los accesos son confusos ya en las calles. Hay algunas entradas que no venden tickets, o sólo los venden en la máquina etc. Por otra parte, hay algunas bocas de metro que sólo conducen a una dirección (Uptown, por ejemplo) y, normalmente, la otra boca, la correcta, está a un par de calles. Y lo que también ocurre normalmente es que la vayas a buscar en dirección contraria porque no está indicado en ningún lugar....
4. Van a toda ostia. En serio, a tanta velocidad que casi da un poco de miedo con lo destartalados que están.

De todas formas, también tiene sus cosas buenas. La gente siempre te sujetará la puerta si te ven correr para cojerlo, y se respeta mucho eso de "dejen salir antes de entrar", cosa que en España...

Midtown!

Mi hermano lleva dos semanas aquí y lo único que ha visto es el Midtown. Es un poco rancio por su parte, pero para ser justa, diré que se aloja en Terrytown (territáun-taun-taun en español) a unos 40 km de la isla. De cualquier forma, esta zona de Manhattan es de las más impresionantes. Es la zona donde está el edificio Chrysler, el Empire, Grand Central etc. Al ser todos los edificios tan altos, al salir del metro no sabes si tienes que ir hacia la izquierda o la derecha, porque normalmente no consigues ver ninguna referencia (me refiero, pues eso, al Empire State). Pero de repente, al pasar una calle miras hacia arriba y ves el maravillo skyline con el edificio de la MetLife por ejemplo y piensas, "sí, estoy en Manhattan".



La quinta tiene todas las tiendas imaginables. No solo de ropa, si no megastores de casi cualquier cosa. Por supuesto, las calles están repletas de todo tipo de comercios y bares, más pequeños eso sí. Debe notarse la exagerada proliferación de Starbucks en esta ciudad, muchos más que McDonal's.


Grand Central es una pasada de estación. Es la madre de todas las estaciones. A parte de que es toda de mármol por dentro, y que tiene al menos dos restaurantes de lujo en el interior, está llena de quioscos, turistas, cafeterías y andenes. Además, tiene unas doscientas salidas dieferentes (la que me va bien para ir a la escuela de mi curso es la del edifico de la MetLife, precisamente, aunque me he dado cuenta al salir, caminar tres o cuatro calles y mirar arriba).

Lo demás no lo he visto por dentro. Me espero a recibir alguna visita para subir a lo alto del Empire y flipar con la vista. De momento, mis impresiones de los rascacielos son las típicas: joder, qué grande es todo esto... y qué bonito. También hay unos cuantos parques muy agradables por la zona, todos tienen mesitas con parasol, cosa que se agradece porque en esta ciudad no conocen los bancos en las aceras.

26 de junio de 2009

First impressions of the Earth...

Nueva York...

da un poco de miedo. Es grande, enorme, cargada de una vitalidad enfermiza. Por las calles parece que si dejas de moverte, te arrollarán (y posiblemente así sea, yo no tengo ganas de descubrirlo). Todo eso asusta, al menos a mí. Pero cuando giras una esquina, se abre ante tí una avenida enorme, los taxis en fila, pitándose entre ellos; la gente distinta, apresurada; los edificios enormes, de ventanas hasta el infinito; de fondo, se perfila el Empire State... y es inevitable no sentir alegría por estar ahí. Parece casi irreal, como meterse en una película. Esta vez es mi pelicula porque aún no me lo creo (pero casi).

Odisea hacia Manhattan (vol.2)

En el control de inmigración nos pasamos casi una hora y media. Mientras, en la CNN dan la noticia de la muerte de Michael Jackson. Vaya día...
El policia es correcto conmigo (vengo a gastar dinero en un curso de inglés, no puedo estar más adaptada a los USA) y un poco borde con Rosa (no sabe inglés y le recomienda que haga un curso, señalándole mi visado). Dichosos yankis... Ella se queda bastante preocupada cuando nos separamos en el aeropuerto, me da su número de teléfono, por si acaso no me espera nadie en el piso (hoy la he llamado para decirle que estoy bien).
Me capta un taxista no oficial a los pocos metros. Acepto la oferta de 40 dólares por el trayecto. Además, estoy muy cansada y me ayuda con las maletas. En el coche (que no es un taxi), me dice varias cosas:

1. Que soy muy guapa y si tengo novio (SI, y aunque no fuera así mi respuesta hubiera sido la misma)
2. Que es de Delhi y que lo mejor que tiene estados unidos es la facilidad para encontrar trabajo de ilegal.
3. Que él me consigue trabajo de ilegal en un restaurante.

Yo me dedico a mirar el paisaje y a irle siguiendo un poco el royo. Me siento bastante feliz porque entiendo lo que me dice y él entiende mi inglés pedestre. Finalmente llegamos... y sí, me están esperando. ´
Nuri, que es él, me entretiene un rato con temas de contrato. Resulta que mi edificio está lleno de musulmanes, de hecho, mis caseros lo son y, por tanto, no puedo introducir estupefacientes (bien), tabaco (mejor para mi salud), alcohol (hombre, algo de vino estaría bien, pero lo puedo tomar en un bar) ni cerdo (ni siquiera acercarlo por el piso, "es que contamina", me dijo).
De todas formas, ayer la noticia no me afectó casi. Me dormí ipso facto en mi sofá cama (grande y cómodo, aunque sin sábanas por el momento).

Odisea hacia Manhattan (vol.1)

Día D. Hora H.

Pero resulta que no fue a la hora H, y a partir de ahí, todo fueron problemas. El primero de mis dos vuelos hacia la Gran Manzana (el BCN-Londres) se retrasó. Desde aquí deseo el Mal (así en mayúsculas) a British Airways por haber propiciado un viaje de más de 15 horas de mandangas.
Lo dicho, el vuelo salió una hora tarde y en consecuencia, aterrizó una hora tarde y con mucha parsimonia en Heatrow. A pesar de correr como una posesa por los pasillos de la terminal, al llegar a la cola ya tenía claro que habia perdido el vuelo.

En esa misma cola conocí a Rosa, una mujer Dominicana que venía en el mismo vuelo que yo, que tenía que coger el mismo vuelo perdido que yo y que no habla ni una sola palabra en inglés. Nos adoptamos mutuamente: yo hablaba y ella me acompañaba en mi desesperación infinita. Ella iba a visitar a su hermano, en Conetticut y, por más que tardara, iba a tener un coche en el aeropuerto. Por mi parte, la situación era un limbo de desconocimiento. Es verdad, fruto de mi gestión deficiente de la información. No tenía apuntado ni el piso ni el número de teléfono de mis caseros.

En Virgin Atlantic sí nos trataron bien. Fueron muy amables y nos pusieron en "stand by". Es decir, a la espera de un mísero asiento en un vuelo. Después de un consierable patiment por ver si cabíamos en el siguiente vuelo (el de tres horas más tarde), nos dicen que sí y a mí, encima, me dan un asiento de clase bussiness.
Me paso todo el viaje disfrutando de la filmoteca que al parecer llevan encima los aviones Virgin. Le digo que sí a la azafata cada vez que me ofrece algo (sea un helado, unos calcetines o una copa de beylis). Y casi tengo ganas de atravesar alguna turbulencia de lo tranquilo que es el vuelo.

Finalmente llegamos, día D. Hora H+12. New York City.

7 de junio de 2009

Vísperas del gran día

Mañana voy a Madrid, por fin. Acabo de repasar si tengo todo lo necesario y creo (deseo, espero) que la respuesta es sí. ¿La pega? Que cierto grupazo australiano eligió este día para dar su segundo concierto en Barna y, enfin, procuraré moderarme porque no creo que concedan visados a zombis amantes del metal.