21 de mayo de 2009

La Casa Blanca

Debido a mi obsesión con la serie "El Ala Oeste" (de la Casa Blanca, se entiende) una de mis visitas proyectadas durante los tres meses en NY era viajar a Washington. Básicamente, quería colarme en la Casa Blanca porque me he convertido en un ente freak de la política americana y empezaban a hacerme gracia ese tipo de visitas insitucionales a los salones de la masión que continuamente se ven en la serie.

En mi primer intento de buscar la excursión (conste que ser tan previsora en la organización es algo que he adquirido con este viaje, donde todo requiere meses de antelación y trámites tortuosos) encontré un tren bala que te planta de la Gran Manzana a la capital en 3 o 4 horas. El precio era prohibitivo, tanto como 200 dólares sólo ida. Paso del tren.

Había oído hablar en foros sobre la mafia china de los autobuses, pero no me lo creí hasta que vi la propia foto del bus (que aquí os dejo).
Resulta que tienen monopolizado el transporte de cercanías y por SOLO 35 dólares ida y vuelta tardarás cinco horas... pero llegarás hasta Washington: mola. Pienso, de puta madre, algo barato por fin. Y entonces empiezo a mirar las visitas a la Casa Blanca.
No sé por qué, pero no se me ocurrió que si lo primero que vi fue que las visitas eran gratis, algo macabro se podía esconder para frustrar mis intenciones. Resulta que el procedimiento a seguir es el de incluir tu nombre y datos en una lista para tu congresista (xD no sé quién es, pero espero que sea majo, al menos)... y esperar seis meses a que te confirme que no eres de Al-Qaeda.
Nice. La moraleja es que tenía que habérmelo imaginado.
De todas formas, aún no he descartado un viaje a la capital, aunque sea para ver la Casa Blanca desde fuera... y más por 35 euros.

I-20 y más tasas

Bien! Recibí el pxxx formulario! Correo certificado, dentro de fechas, mi amigo/a Egret (a propósito, tan intrigada estaba con el sexo de esta persona que busqué su nombre en google y sólo me salían cigüeñas o algo así xD) finalmente se lo ha currado.

Total, llamo al consulado de lo más emocionada para pedir mi entrevista personal y me dan fecha para el 8 de Junio, lunes, a las 10:45, en la calle Serrano... de Madrid. Mi cara de gilipollas debió ser antológica, porque estaba convencida que la entrevista la podría hacer en el consulado de Barcelona.

La telefonista me dice que no, que ya lo pone en la web que los visados no se tramitan en el consulado, sólo en la embajada. Y yo: "ya... ya...". Shit happens, rama rama. Así que incluyo en mis trámites un viaje a Madrid (tomando el AVE por primera vez) junto a mi patrocinador Bob.
Después, la telefonista maléfica me dice que, además, debo pagar otra tasa obligatoria por el visado de estudiante (además de la obligatoria para cualquier visado) de 200 napos (=dólares, mi único consuelo ya es el beneficio con el cambio). La odio un poco, pero lo pago.
Así que sólo (já) me queda ya:

1.Completar los formularios DS y avisar a mis fuentes de referencia que se convertirán en tal y que no les pille desprevenidos una hipotética llamada del gobierno federal norteamericano.
2.Pagar los otros 130 napos de la tasa obligatoria uno.
3.Comprar billetes de AVE, ir a Madrid, ser entrevistada y demostrar que no quiero atiborrar el mercado negro americano de anfetaminas ibicencas ni asesinar a Obama.
4.Volver y rezar porque todo esté bien.
5.No contraer la gripe A.

11 de mayo de 2009

I-20

Por fin me contestan de la escuela. Egret (no sé si es él o ella... de cualquier forma es impronunciable para mí) se muestra cordial y yo eufórica por email. Mañana envia detalles sobre el curso y el I-20 (formulario previo a los tres formularios necesarios para materializar la visa). ¿Siguiente paso? Entrevistarme con el US government en el consulado y demostrarles que soy una persona más que óptima para viajar allí. Tengo suerte: no he secuestrado a ningún hijo de un ciudadano norteamericano, no he participado en actos de genocidio, ni presento ninguna enfermedad contagiosa (ni siquiera la gripe antes llamada porcina).

7 de mayo de 2009

Standby...

A día de hoy me faltan 48 días para volar a la Gran Manzana. Mi nivel de histerismo es inversamente proporcional a las horas que me quedan hasta llegar al Uptown neoyorquino. Es previsible que antes de aterrizar la cabeza me haya explotado, molestando a las azafatas y a algunos pasajeros de Delta... y créedme que la liaría si no fuera porque me iban a denegar el visado de estudiante.

De hecho, el visado todavía no me lo han concedido. Es más, de hecho ni siquiera tengo contratado el curso que pienso (deseo) hacer. Si llego a saber que pasarse tres meses en NY me iba a causar tanto estrés burocrático, me salgo por la tangente y me voy al pueblo inglés ese de Cuenca.

West 113th


Todo esto empezó hace cosa de dos meses, tras una charla nocturna con mi socio capitalista (al que llamaré Bob simplemente porque me hace gracia). Bob se ofreció a costearme ciertos gastos indispensables para mi aventura americana. Todo el verano, de Junio a Septiembre, en la ciudad de mis sueños.


Encontrar piso fue (relativamente) sencillo. Claro que, al contrario de lo que se recomienda en TODOS los foros de viajes a la city, acabé optando por una agencia inmobiliaria, un broker no se qué le llaman. Y sí, es verdad, son careros, coño! Al principio Marybeth (así se llamaba mi agenta personal) y yo tubimos algún problemilla de comunicación. Véase:

Marybeth: Oh, I think this apartment is very nice for you.
Yo: No
Marybeth: What about this other?
Yo: No
Marybeth: Don't you like the
photos of this one?
Yo: No
Pero finalmente lo encontré. Está en la 113, oeste (uptown-harlem). Tiene de todo, menos lavadora. Y a parte de que el mobiliario del salón parece que perteneció en otra época al Conde Drácula, por lo demás no pinta mal. Marybeth se despidió amablemente de mí tras pagarle un mes entero de alquiler como comisiones y, de ahí, fui remitida a los dueños Nuri y Starita que, amablemente, me saludaron cobrándome otro mes entero de alquiler.

Después de unos cuantos emails corteses, les propongo que vengan a vivirse a Barcelona y me dejen a mí su apartamento. Mi habitación es luminosa, amplia y está en un barrio tranquilo (esto lo incluyo por si hay algún otro interesado)... pero a pesar de eso, ahora sigo esperando respuesta. Lo único que me reconforta es que ayer visité el anuncio de mi piso en internet y efectivamente... está ocupado hasta que me vaya yo! Ya es algo.