Debido a mi obsesión con la serie "El Ala Oeste" (de la Casa Blanca, se entiende) una de mis visitas proyectadas durante los tres meses en NY era viajar a Washington. Básicamente, quería colarme en la Casa Blanca porque me he convertido en un ente freak de la política americana y empezaban a hacerme gracia ese tipo de visitas insitucionales a los salones de la masión que continuamente se ven en la serie.
En mi primer intento de buscar la excursión (conste que ser tan previsora en la organización es algo que he adquirido con este viaje, donde todo requiere meses de antelación y trámites tortuosos) encontré un tren bala que te planta de la Gran Manzana a la capital en 3 o 4 horas. El precio era prohibitivo, tanto como 200 dólares sólo ida. Paso del tren.
Había oído hablar en foros sobre la mafia china de los autobuses, pero no me lo creí hasta que vi la propia foto del bus (que aquí os dejo).
Resulta que tienen monopolizado el transporte de cercanías y por SOLO 35 dólares ida y vuelta tardarás cinco horas... pero llegarás hasta Washington: mola. Pienso, de puta madre, algo barato por fin. Y entonces empiezo a mirar las visitas a la Casa Blanca.
No sé por qué, pero no se me ocurrió que si lo primero que vi fue que las visitas eran gratis, algo macabro se podía esconder para frustrar mis intenciones. Resulta que el procedimiento a seguir es el de incluir tu nombre y datos en una lista para tu congresista (xD no sé quién es, pero espero que sea majo, al menos)... y esperar seis meses a que te confirme que no eres de Al-Qaeda.
Nice. La moraleja es que tenía que habérmelo imaginado.
De todas formas, aún no he descartado un viaje a la capital, aunque sea para ver la Casa Blanca desde fuera... y más por 35 euros.

